UN PUÑADOS DE RECUERDOS



Recuerdo que mi padre en verano se sentaba en el  patio a esperar que el día se confundiera con la noche, y  los niños del barrio a esa hora nos preparábamos para jugar en las calles aledañas.
Recuerdo como las vecinas se reunían alrededor de un tema de conversación, ¡ay, el calor este no se quiere ir! Decía la Rubia, siempre iba con un delantal como uniforme, sus manos eran rudas, pero expertas en cuidar, cuidar de su marido y de sus hijos y de todos los niños del barrio, ella era bajita, una mujer con curvas pero una mujer fuerte que anduvo por la Carretera Nacional 340 huyendo de los nacionales, sus piernas cansadas hablaban de su penar hacia Valencia.
En los bolsillos de su delantal siempre llevaba azucarillos de azúcar moreno, la podía ver como subía la cuesta con su cesta de mimbre y  con su perro fiel que le acompañaba.
Recuerdos de una infancia que estoy intentando recordar sin idealizar pero que me está resultando difícil, como otra dificultad, dejar de soñar contigo.
Recuerdo tu mirada fija en mí, recuerdo que me hacías bromas sin aún conocerme y hoy tengo que recodarme que solo te puedo recordar como un amigo.
Vuelvo a mis olvidos y a mis recuerdos, parece que aún recuerdo con nitidez aquella noche de verano en la Selva, sin luz artificial y con un manto de estrellas, el silencio era casi unánime, era más impresionante oír como hablaba la Naturaleza y  la voz de un guía que cuando hablaba en francés aún era más dulce su habla, más me enamoraba, recuerdos que me recuerdan que solo he conectado de verdad, Alma con Alma contigo.
Mi niña interior se alborota contigo, se revoluciona hubiera dicho mi madre, cuanto la echo de menos sí y a ti.
Creo que por hoy ya no quiero recordar más de manera consciente, solo quiero verte y abrazarte para que luego ese recuerdo me susurre en el oído que es cierto que tú eres real.

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